Por qué deberías ocuparte de tu jubilación

¿Cómo que “ocuparte de tu jubilación”? ¿Acaso el estado no me va a pagar una pensión?

Probablemente te has hecho esa pregunta al leer el título de este artículo. En la gran mayoría de países desarrollados, sí, el estado te pagará una pensión. 

Te voy a contar por qué yo no confío (solamente) en las pensiones públicas para mi jubilación. Y por qué creo que deberías hacer lo mismo, especialmente si eres joven.

LA IDEA DE JUBILACIÓN

Hoy en día llamamos jubilación al hecho de dejar de trabajar, concretamente a los 65 años de edad, más o menos. Desde ese momento, el estado nos paga una pensión mensual y seremos felices jubilados hasta el día de nuestra muerte.

Vamos a ver la idea de jubilación con una mirada un poco más amplia.

Ahorrar para dejar de trabajar

Si no existiera la jubilación tal y como la conocemos, probablemente haríamos algo parecido. Ahorrar durante nuestros años de trabajo, para eventualmente dejar de trabajar y vivir del dinero ahorrado.

Un ejemplo. Supongamos que empiezo a trabajar a los 25 años. Espero vivir hasta los 85 años, y quiero jubilarme a los 65. Eso serían 40 años de trabajo y 20 años de jubilación. Es decir, la jubilación sería un tercio del tiempo total. Eso significa que, suponiendo que mi sueldo es siempre constante y mis gastos también, debería ahorrar un tercio de mi sueldo durante los 40 años para poder seguir viviendo igual durante los 20 de jubilación.

Repetimos el mismo ejemplo, pero ahora queriendo jubilarme a los 55 años. En este caso serían 30 años de trabajo y 30 de jubilación. La jubilación sería la mitad del tiempo total. Por lo tanto, durante los 30 años de trabajo debería ahorrar la mitad de mi sueldo, para poder seguir viviendo igual durante los 30 años de jubilación.

Esa es básicamente la idea. Siguiendo esta lógica, cuanto menor sea el porcentaje de tus ingresos que gastas para vivir, más podrás ahorrar y, por lo tanto, antes podrás dejar de trabajar. 

La jubilación oficial

La realidad en la mayoría de países desarrollados no es exactamente la idea que acabamos de ver. 

Lo más habitual es que el estado cobre un impuesto mensual a todos los trabajadores, conocido como cotización social. Este sistema suele llamarse Seguridad Social, nombre que se le dio en Estados Unidos en los años 30. 

El estado dicta también la edad a la que las personas pueden jubilarse, y se encarga de pagar una pensión a los jubilados. Es decir, es el estado quien impone la edad a la que te jubilas. Si quieres hacerlo antes, a los 55 años por ejemplo, el estado no te pagará pensión alguna, al menos hasta que llegues a la edad de jubilación y si en total has cotizado un mínimo de años.

El estado pone todas esas normas a cambio de, teóricamente, asegurar el pago de una pensión de por vida a las personas jubiladas.

Hay 3 modelos diferentes de Seguridad Social: pensiones de reparto, capitalización, o mixto.

Vamos a ver un poco mejor cómo funciona todo esto, y las razones por las que creo que es necesario tomar cartas en el asunto.

LAS PENSIONES PÚBLICAS DE REPARTO

El caso más común de pensiones públicas es el de reparto. Es el modelo que se utiliza actualmente (2019) en la mayoría de países con sistema de Seguridad Social, incluido España.

Cómo funcionan

En un país con un sistema público de pensiones de reparto, los trabajadores pagan (cotizan) un porcentaje de su sueldo cada mes. Ese dinero lo utiliza el estado para pagar las pensiones de ese mismo mes a los jubilados. 

Es decir, el dinero que paga (cotiza) el trabajador no se guarda para su propia jubilación. Se utiliza para pagar las pensiones actuales, y el trabajador se gana el derecho a cobrar su pensión en el futuro (bajo las reglas dictadas por el estado). 

Siendo así, si sumamos todo lo que cotiza el conjunto de trabajadores de un país, obtenemos el dinero total que se puede repartir en pensiones a los jubilados de ese país. Simple, ¿no?

Normalmente, los jubilados cobran una pensión fija, que se puede ir revalorizando con el paso de los años. Y los trabajadores cotizan un porcentaje fijo de su salario cada mes. A partir de ahí, cada país tiene sus valores y porcentajes concretos y sus particularidades.

El caso concreto de España

El de España es el sistema que mejor conozco, y por lo tanto el que voy a utilizar como ejemplo del funcionamiento de las pensiones públicas de reparto. Los casos de los demás países con este sistema son similares, aunque con sus diferencias. Pero este ejemplo es suficiente para que los argumentos que daré después sean válidos en cualquier país con este tipo de sistema.

Para el ejemplo voy a tener en cuenta solamente a los trabajadores por cuenta ajena. Los autónomos cotizan de forma diferente. Y hay otras particularidades, pero prefiero simplificar para que sea todo más sencillo.

Supongamos que un empleado por cuenta ajena tiene un salario bruto (antes de impuestos) anual de 10.000€. Ese trabajador irá cotizando cada mes un 4,70% de esa cantidad, es decir, 470€ en todo el año. Y el empresario aportará, fuera de ese salario bruto, un 23,60% como cotización para el trabajador, es decir, 2.360€ al año en este caso. En total, el trabajador cotiza al año 2.830€ (28,30%), de los cuales 470€ salen de sus 10.000€ de salario bruto y los 2.360€ restantes los aporta la empresa aparte.

En 2019 en España hay cerca de 20 millones de trabajadores en activo. A su vez, hay cerca de 10 millones de pensionistas. Las cotizaciones aportadas cada mes por todos los trabajadores se reparten entre todos los pensionistas. Es decir, hoy (2019) en España hay aproximadamente 2 trabajadores para financiar cada pensión.

Jubilado pensando que debió ocuparse de su jubilación cuando pudo

Lo paga el trabajador, no el empresario

En el anterior punto he mencionado que el trabajador aporta un 4,70% de su salario bruto, y que el empresario aporta otro 23,60%. Pero ese dinero que aporta el empresario en realidad no es del empresario. Forma parte del salario del trabajador. Es decir, el salario de un trabajador por cuenta ajena en España es su salario bruto más un 23,60%. ¿Por qué?

Imagina que tienes un taller donde fabricas sillas. Todas iguales. Las vendes por 20€ cada una. Por simplificar, vamos a ignorar el coste del taller, del material para fabricar las sillas, etc. Vamos a quedarnos solo con la mano de obra. 

Para expandir el negocio quieres contratar a alguien. Para trabajar 1.500 horas anuales. Calculas que, tras un breve periodo de aprendizaje, la persona que contrates podrá fabricar una silla por hora, es decir, 1.500 sillas al año. Si las vendes por 20€ cada una, el trabajo de esa persona te aportará exactamente 30.000€ al año.

Para no salir perdiendo, el salario que le pagues a esa persona tendrá que ser como máximo de 30.000€ anuales, que es lo que te aporta su trabajo. Hasta ahí todo es sencillo. Pero esos 30.000€ anuales no pueden ser su salario bruto, porque a ello tendrás que añadir un 23,60% de la aportación “del empresario” a la Seguridad Social. Lo cual sobre 30.000€ serían 7.080€. Es decir, ese trabajador te costaría 37.080€ al año si le pagas un salario bruto de 30.000€. Vamos, que estarías perdiendo 7.080€ al año por contratarle. No parece un gran negocio.

No. Tendrías que pagarle un salario bruto que, sumándole después un 23,60%, el resultado sea como máximo 30.000€. Por ejemplo, si le pagas 24.000€ anuales de salario bruto, el 23,60% serían 5.664€, haciendo un total de 29.664€ anuales. Eso sí que cuadra, y ganarías 336€ de beneficio al año por contratar a ese trabajador.

El empresario siempre hará el cálculo de esa segunda forma. Con la primera, pierde dinero. Con lo cual, ese 23,60% que aporta el empresario no lo aporta realmente el empresario, sino que es parte del salario del trabajador.

¿Por qué me parece importante explicar esto? Porque con los diferentes truquillos de impuestos y cotizaciones, el resultado es que los trabajadores por cuenta ajena no sabemos realmente cuál es nuestro salario. Hay que sumar un 23,60% a tu salario bruto anual para saber tu salario real.

Repito que eso es un caso genérico, el más habitual. Hay diferentes tipos de contratos, hay casos en los que se subvenciona la cotización empresarial a la Seguridad Social… En esos casos no sería exactamente como he explicado. Pero para la mayoría de los casos sí, y sirve para entender en general cómo funciona.

La fragilidad del sistema

En España hoy (2019) hay cerca de 20 millones de trabajadores activos, y cerca de 10 millones de pensionistas. Una relación de 2 a 1. Cada 2 trabajadores pagan 1 pensión. 

Esto tiene un problema clarísimo y muy grave: las pensiones que puedan cobrar los jubilados dependen directamente de esa relación entre cantidad de trabajadores y cantidad de jubilados:

(Cotización media) x (Cantidad de trabajadores) = (Pensión media) x (Cantidad de jubilados)

En esa fórmula, que resume el sistema de pensiones de reparto, se ve claramente. Si disminuye la cantidad de trabajadores y/o aumenta la de jubilados, no queda otra que aumentar la cotización media y/o disminuir la pensión media. Las matemáticas no engañan.

¿Cuál es el problema? En España sabemos cuál es la población entre 0 y 20 años. Con lo cual, sabemos aproximadamente cuántos trabajadores habrá de aquí a 20-30 años de forma aproximada. Según esto, para el año 2040-2050, la proporción se habrá reducido de 2/1 a entre 1,5/1 y 1/1. Es decir, de haber 2 trabajadores para pagar cada pensión, pasaremos a tener entre 1,5 y 1 trabajadores para pagar cada pensión. Obviamente, esto hará que las pensiones se reduzcan con respecto a los salarios, y/o que las cotizaciones aumenten.

Para mantener las pensiones habría que aumentar las cotizaciones, es decir, ganarás menos dinero en tu época de trabajador para después, quizás, ganar algo más (o no ganar menos, más bien) en tu jubilación. No suena demasiado bien.

LAS PENSIONES PÚBLICAS DE CAPITALIZACIÓN

Este caso es mucho menos común. Existe en menos países, y en la mayoría no es un sistema puramente de capitalización, sino un sistema mixto de reparto y capitalización. El principal ejemplo de país con pensiones públicas de capitalización es Chile.

Cómo funcionan

Igual que en las pensiones públicas de reparto, el trabajador aporta mensualmente un porcentaje de su salario para las pensiones. Pero en lugar de utilizarse para pagar a los pensionistas actuales, el estado invierte ese dinero y lo guarda para la jubilación del trabajador que lo ha aportado

Es como ahorrar/invertir tu dinero, pero el Estado lo hace por ti.

El ejemplo de Chile

En Chile existía un sistema de reparto hasta que en 1980 se implantó el de capitalización. Los defensores acérrimos del sistema de reparto han criticado mucho el sistema chileno. Han puesto ejemplos y aportado datos aparentemente muy malos de los resultados obtenidos por ese sistema. 

Personalmente no prefiero ni dejo de preferir un sistema u otro, pero teniendo en cuenta más factores que simplemente las pensiones que cobran hoy en día los chilenos, parece que el sistema supera al de reparto que hay en España con las condiciones demográficas que se han dado.

Si quieres ver los datos y conocer un poco más el por qué, en este artículo se explica muy bien.

La fragilidad del sistema

En este caso no existe el problema mencionado con las pensiones de reparto. La aportación de cada trabajador es para su propia pensión, con lo cual los cambios demográficos no afectan a los resultados.

El riesgo en este caso es lo que haga el estado con ese dinero. Si lo deja en una cuenta bancaria, la inflación se lo irá comiendo según pasen los años. Si lo invierte pero lo hace mal, podría perderse dinero también. En este caso, la pensión está en manos de las decisiones directas del estado. De los políticos. En las pensiones de reparto también es así, pero el principal factor es la demografía. 

¿QUÉ HACER ENTONCES?

Si has leído hasta aquí, seguramente estás pensando que el panorama no es muy esperanzador. Especialmente si eres ahora mismo (2019) un trabajador joven en España. Y estoy de acuerdo, no es esperanzador.

No te fíes de los políticos

Si el sistema que hay en tu país es puramente de reparto, la demografía dictará la pensión que cobres. En concreto, si eres un trabajador joven en España, muy probablemente tu pensión será un porcentaje pequeño (menos del 40%) de tu último salario. 

Pero hay cosas adicionales que se pueden hacer. Por ejemplo, en Francia se implantó un impuesto adicional del 10% de su salario a todos los trabajadores. Una medida drástica. Recortar el salario de todos los trabajadores un 10% para que las pensiones no disminuyan. 

Asumamos que esa medida es positiva en general (que en mi opinión no lo es). ¿Vas a confiar en los políticos para que exista en tu país? ¿Crees que los partidos que proponen estas cosas van a conseguir gobernar? ¿Crees que, incluso si gobiernan, van a hacer lo que dicen?

Si has respondido que sí a las 3 preguntas, bien. No faltes a votar cada vez que haya elecciones. Pero no puedes controlar el resultado de nada de lo que he planteado en esas preguntas. Dependes de lo que la gente vote, y de lo que los políticos hagan.

En caso de que el modelo sea de capitalización, dependes también de los políticos. ¿Harán lo correcto con tu dinero? ¿Y si lo invierten mal y pierdes la mitad? Está igualmente en sus manos.

Y si el modelo es mixto, te afectan ambos casos. 

Personalmente los políticos no me gustan nada y no me fío de ellos. Aunque este no sea tu caso, dejar en sus manos tu jubilación no parece una idea del todo sensata y segura.

La alternativa: ocuparte personalmente

Esta es la parte más importante. ¿Qué hacer para no dejar tu jubilación en manos de la demografía y/o los políticos de turno? Tomar cartas en el asunto. No puedes controlar esos factores. Hay que actuar con las cosas que sí podemos controlar.

Ahorrar para tu jubilación es la única alternativa que está plenamente en tus manos. Puedes coger un porcentaje de tus ingresos mensuales y dedicarlo a ello. Yo lo hago desde que empecé a trabajar con 24 años. Creo que en el futuro agradeceré mucho esta decisión.

Puede que ante eso pienses: “pero Egoitz, no me llega el dinero para ahorrar”. Es posible. No he dicho que sea fácil. Puede que tengas opción de recortar alguno de tus gastos. Y si no es así, tendrás que pensar en conseguir un trabajo mejor a corto o medio plazo. No hay soluciones mágicas.

O puede que tengas la capacidad de ahorrar y pienses: “pero Egoitz, si dejo el dinero en una cuenta perderá valor con la inflación; los depósitos a plazo apenas dan rentabilidad; y las acciones y los fondos son muy arriesgados”. Esa habría sido exactamente mi respuesta hace unos cuantos años. Por eso me puse a investigar y aprender sobre dinero e inversiones, y ahora cada mes invierto el dinero que ahorro para mi jubilación. 

Escribiré pronto un nuevo artículo hablando exclusivamente de ese tema. Si no quieres perdértelo, suscríbete a mi lista de correo, ahí lo publicaré.

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