12 reglas para vivir, de Jordan B. Peterson

Puntuación: 8/10

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12 reglas para vivir es un libro que reflexiona sobre diversos aspectos importantes de la vida de una forma única. Jordan Peterson profundiza al máximo en cada regla, ofreciendo ejemplos basados en la historia, la mitología y la religión, y uniendo finalmente todo ello de forma brillante. Un libro de psicología del que he sacado varios reflexiones muy útiles para la vida.


Mis notas-resumen del libro

Regla 1: Enderézate y mantén los hombros hacia atrás

Las langostas llevan en la Tierra desde hace más de 350 millones de años. Son anteriores a los dinosaurios. Las langostas funcionan por jerarquías, las más fuertes se quedan con los mejores refugios, lo cual hace que tengan mejor protección y mejor acceso a comida, lo cual hace que puedan encontrar mejores hembras. Es un círculo virtuoso.

Esta analogía sirve también para los humanos. En cualquier ámbito de la vida, ser competente y afrontar las cosas con valor y con ganas de resolverlas, llevará a buenos resultados en ese ámbito. Esto, por el círculo virtuoso, influencia a los demás ámbitos de la vida, nos hace tener más autoconfianza, y aumenta las probabilidades de éxito en circunstancias futuras.

Para entrar en los círculos virtuosos y evitar los círculos viciosos. Hay que mantener una postura recta con los hombros hacia atrás. Una actitud competente y agresiva, decir la verdad y plantar cara a los problemas y solucionarlos de la forma más honesta y eficiente posible.

Regla 2: Trátate a ti mismo como si fueras alguien que depende de ti

Solemos preocuparnos más por los demás que por nosotros mismos. Un buen ejemplo es el dolor u otros síntomas. Si los padecemos, solemos evitar ir al médico en la medida de lo posible. Si vemos que nuestro padre, hermana, pareja, o incluso mascota tiene algún problema, nos aseguraremos de que vaya al médico (o al veterinario si es la mascota) para que se ponga bien. Esto no parece tener mucho sentido, pero es lo que sucede en la realidad.

Esto puede deberse en parte a que nos consideramos a nosotros mismos como víctimas, en un sentido u otro. Esto hace que consideremos normales las cosas malas que nos pasan, y evita que nos esforcemos por mejorar esa situación.

Para evitar esto, hay que pensar en lo afortunados que somos por estar vivos en esta época, la mejor de la historia conocida. Para sacar el máximo partido a la vida y dar a los demás lo mejor, tenemos que darnos lo mejor a nosotros mismos y tratarnos como si fuéramos alguien que depende de nosotros.

Regla 3: Traba amistad con aquellas personas que quieren lo mejor para ti

Nuestras relaciones cercanas tienen sobre nosotros una influencia mayor de la que pensamos. El autor comenta que varios compañeros de su niñez, de mente brillante, acabaron con vidas mediocres e incluso alguno acabó suicidándose. Esto es debido a las malas influencias de sus amistades cercanas, junto con el alcohol y las drogas.

Por todas esas razones, cuando vemos que una persona cercana nos quiere llevar por un camino contrario al que nosotros queremos, y que sabemos que es negativo para nosotros, hay que intentar cortar esa relación o reducirla lo máximo posible.

Regla 4: No te compares con otro, compárate con quien eras tú antes

Antiguamente, la mayoría de la gente vivía en pueblos relativamente pequeños. No existía internet ni las comunicaciones que tenemos hoy en día. En ese ámbito, no era muy complicado ser el mejor en algo. Si se te daba muy bien el baloncesto, podías ser el mejor o uno de los mejores del pueblo jugando al baloncesto. Si eras el médico del pueblo, probablemente serías conocido por todos y también respetado.

Hoy en día las cosas han cambiado. Muchísima más gente vive en ciudades medianas o grandes, y las comunicaciones modernas, con internet a la cabeza, nos permiten seguir de cerca a personas a las que admiramos, y que son las mejores en lo que hacen. Se ha vuelto mucho más complicado tener ese sentimiento de ser el mejor en algo, y que los demás te admiren por ello.

Es muy importante cambiar este enfoque. Si te comparas con los demás, nunca en tu vida estarás satisfecho. Si eres el que mejores notas tiene en el instituto, cuando vayas a la universidad eso será más complicado. Si tienes un trabajo muy bien pagado, hay mucha más gente que cobra muchísimo más que tú. Si eres el presidente de Canadá, está el presidente de los Estados Unidos. Muy pocas personas estarán satisfechas comparándose a sí mismas con el resto del mundo.

El enfoque para estar satisfecho con lo que eres y lo que tienes, es compararte con quién eras tú antes. Con quién eras ayer, hace un mes, o hace un año. En distintos ámbitos de la vida. De esta forma te empujarás a mejorar constantemente, y conseguirás llegar a ser mejor en diferentes ámbitos de la vida. El hecho de ver esa mejoría constante te hará sentir muy bien, y evitará que te compares con los demás.

Para ello es importante intentar mejorar. Si te comparas con tu yo de hace un año y no ves ningún tipo de mejora ni avance, puedes sentir estancamiento. Esto facilita que puedas compararte con otras personas y sentir envidia.

Un buen truco para intentar mejorar es preguntarse continuamente, una vez al día o a la semana por ejemplo, estas preguntas: ¿qué me molesta? ¿qué quiero solucionar, corregir o cambiar? ¿qué quiero mejorar? La respuesta puede ser simplemente ordenar la mesilla de tu habitación, o algo mucho más complejo como encontrar un trabajo mejor. Pero el hecho de tener este hábito nos pone en la buena dirección.

Regla 5: No permitas que tus hijos hagan cosas que detestes

Es bastante común ver padres que permiten a sus hijos pequeños hacer todo lo que quieran. También es común ver padres que niegan todo a sus hijos pequeños, para protegerlos o por la razón que sea. Ambas cosas son perjudiciales para el niño.

Por una parte, un niño necesita explorar cosas por sí mismo. Negarle todo y protegerlo puede mantenerlo a salvo en el corto plazo, pero será mucho más débil a largo plazo. Por otra parte, es necesario que aprenda cierta disciplina y ciertas normas, y que sepa que no puede hacer siempre lo que quiera. Y, sobre todo, que por quejarse y llamar la atención no va a conseguir lo que quiere.

Hay que proporcionar a los niños pequeños un equilibrio entre libertad y disciplina. Utilizar pequeñas recompensas y castigos es la mejor forma de educarlos, ya que esto crea asociaciones en su cerebro y aprenden que lo que es recompensado está bien hacerlo, y lo que es castigado no. La disciplina y el castigo no son malos, no hay que confundirlos con la tiranía y la tortura.

Hay que tener en cuenta que ser padres de un niño pequeño no es lo mismo que ser sus amigos. No tienes que intentar caerle bien, sino hacer lo que es mejor para él a medio y largo plazo. Aunque eso signifique que se enfade temporalmente.

Si por ejemplo un niño pequeño no quiere comer o no quiere dormir, hay que tener paciencia e intentarlo hasta que lo haga. El tiempo pasa mucho más lento para los niños pequeños, conque con algo de paciencia llevamos las de ganar.

Para darle de comer, un buen truco es perseguir su boca de forma no agresiva con la cuchara. Si no la abre, podemos darle toques en el pecho hasta que abra la boca para quejarse y entonces darle la comida a la boca. Si intenta echarla, podemos poner el dedo bajo el labio, así podrá expulsar algo pero comerá algo también. Y así, con paciencia, hasta que coma.

Para que se duerma, algo similar. Si se levanta, lo cogemos y lo tumbamos. Si se vuelve a levantar, lo volvemos a tumbar. Si insiste mucho, podemos sujetarlo suavemente para que no se levante. Y si llora o chilla, le pedimos que se calle con paciencia hasta que lo haga. Lo que no se puede hacer es rendirse y darle lo que quiere, porque entonces lo seguirá haciendo y es un círculo vicioso. Trucos similares a estos dos se pueden utilizar para otras cosas, con un enfoque parecido. Con estos dos ejemplos se entiende bien la idea.

En general, para la disciplina, dos consejos muy útiles: tener la mínima cantidad necesaria de reglas, y utilizar la fuerza mínima necesaria para hacer que las reglas se apliquen.

Los padres quieren a sus hijos. Por eso son las personas indicadas para impedir que los hijos hagan cosas que los padres odien, y que cualquier otra persona puede odiar también. Si los padres no le ponen remedio, alguien que quiera mucho menos a esos hijos hará algo al respecto, y no será mejor que si lo hacen los padres.

Regla 6: Antes de criticar a alguien, asegúrate de tener tu vida en perfecto orden

El sufrimiento hace que algunas personas estén resentidas y en casos extremos tenemos asesinos en serie y otros tipos de delincuentes. La mayoría de la gente, por suerte, no es así. A pesar de sus desgracias y su sufrimiento, desean algo mejor para sus hijos y demás personas cercanas.

Un ejemplo de esto pueden ser los niños y el bullying. Si un niño es víctima del bullying, pueden pasar dos cosas. La primera es que, por resentimiento y por sentirse víctima, ese niño haga lo mismo a otros niños y los haga sufrir de la misma forma que él sufrió. La segunda es que, sabiendo lo que se sufre y queriendo lo mejor para las personas en general, nunca haga bullying y de hecho desarrolle una aversión importante ante casos de este tipo.rir de la misma forma que él sufrió. La segunda es que, sabiendo lo que se sufre y queriendo lo mejor para las personas en general, nunca haga bullying y de hecho desarrolle una aversión importante ante casos de este tipo.

Un gran ejemplo concreto es Alexandr Solzhenitsyn, ruso que luchó contra los nazis en el frente. Después, su propio bando lo arresto y lo llevo a un gulag. Fue torturado y paso años en el campo. En lugar de derrumbarse y dejarse inundar por el resentimiento, decidió seguir adelante y terminó escribiendo Archipiélago Gulag, una historia sobre los campos de concentración soviéticos. El libro se filtro hacia fuera de la unión soviética y contribuyó a su fin. A pesar de su sufrimiento que muy pocas personas de occidente padeceremos nunca, decidió que tenía sentido seguir adelante y termino ayudando a que desapareciera la unión soviética.

Los antiguos judíos se culpaban a si mismos cuando algo iba mal. Es un buen ejemplo, ya que la alternativa es considerar defectuosa la realidad, criticarla y rendirse al resentimiento.

Elimina tus malos hábitos y acciones, malos para tu salud, tus relaciones, las personas que te rodean, tus finanzas o tu carrera. Después, intenta mejorar en todo aquello que haces. Responsabilízate de lo que te pasa y no te quejes ni eches la culpa a otras personas, al clima, a la economía, o al karma. Haz todo eso y entonces podrás mejorar lo ajeno a ti.

Regla 7: Dedica tus esfuerzos a hacer cosas con significado, no aquello que más te convenga

Se puede conseguir algo mejor en el futuro renunciando a algo valioso en el presente.

Nuestra consciencia de la vida y la realidad nos genera sufrimiento, que a su vez causa el deseo de una satisfacción egoísta e inmediata. Pero el sacrificio y el trabajo resultan mucho más eficaces para mantener a raya el sufrimiento que los placeres impulsivos e instantáneos.

No sólo nuestra consciencia de la realidad nos genera resentimiento, sino también el mal que muchas personas son capaces de hacer voluntariamente a otras personas.

El cristianismo dice que todos somos iguales ante los ojos de dios. Esta igualdad de todos los seres humanos, a nivel individual, ante dios o lo que podríamos considerar como la justicia suprema, es el precedente de las bases de la civilización occidental, en la que cada ciudadano tiene sus derechos individuales y valor intrínseco.

Haz todo lo que puedas para evitar el dolor y el sufrimiento. Hacer lo conveniente significa centrarse en el presente, actuar de forma impulsiva. Esto proporciona gratificación temporal, pero te hará sentir peor después. Es mejor hacer algo con significado aunque suponga un sacrificio presente.

Regla 8: Di la verdad, o por lo menos no mientas

Habitualmente, la persona a la que más mentimos en nuestra vida es a nosotros mismos. Esto se manifiesta de diversas formas. Estas dos son las principales: el pecado por comisión, o hacer deliberadamente algo que está mal; y el pecado por omisión, o dejar que algo que sabemos que está mal suceda, sin hacer nada para evitarlo. Ambas son igual de graves. No decir lo que pensamos en los diferentes ámbitos de la vida no traerá más que problemas a largo plazo.

Citando literalmente: “¿ha ocurrido lo que quería? No. Entonces, o bien mi objetivo o bien mi estrategia no eran adecuados. Me quedan todavía cosas por aprender.” Esa es la voz de la autenticidad. “¿Ha ocurrido lo que quería? No. Entonces, el mundo es injusto, y la gente, celosa y demasiado estúpida como para comprender. Es culpa de algo o de alguien.” Esa es la voz de lo inauténtico.

La fe en lo que ya sabes termina llevando a que te engañes a ti mismo y a los demás. Admitir tu ignorancia y querer aprender lo que no sabes te lleva a ser honesto en diferentes situaciones. Este hecho, entre otros, demuestra que decir la verdad es cuestión de actitud y de voluntad.

El engaño es la causa de los horrores del siglo XX. Es la causa de la barbarie nazi, de las atrocidades de Stalin y de la barbarie de Mao. El engaño y la falta de reacción pronta por parte de la gente, llevaron a un punto de no retorno que provocó la muerte de decenas de millones de personas. Por eso no hay que fiarse. Hay que comprobar las cosas. Hay que valorar la verdad.

La verdad es la base de las mejores cosas que pasan en el mundo. La verdad permite construir edificios que permanecen en pie cientos o miles de años. Permite producir ropa para millones de personas pobres. Permite generar alimentos y energía para todo el mundo.
También es importante tu propia verdad. Saber quién eres y manifestarlo al mundo.
En todos los sentidos, di la verdad, o por lo menos no mientas.

Regla 9: Da por hecho que la persona a la que escuchas puede saber algo que tú no sabes

Hay sabiduría en las costumbres de las sociedades. Si la gran mayoría de la gente se forma, trabaja, tiene relaciones y forma familias, probablemente no sea una mala decisión hacer lo mismo. Es imposible saber si a lo que decidimos dedicarnos, en lo personal y profesional, nos hará felices. Por eso hay que tener en cuenta la experiencia de otras personas, que puede aportar cosas que no sabemos.

Una buena forma de mejorar tus dotes de escucha es resumir a la persona a la que estás escuchando lo que te acaba de decir, y preguntarle si lo has entendido bien. Si es que sí, ya lo sabrás, y la otra persona sabrá que has escuchado y entendido. Si no has acertado, la otra persona lo aclarará, y el resultado final será el mismo.

Hay varios tipos de conversaciones. A veces una persona cuenta algo tratando de imponerlo, convencida de que es verdad, sin atender a razones. Otras veces intenta demostrar que es mejor que los demás. A veces se intenta ser gracioso. A veces se imparte una charla o presentación. Hay más ejemplos. Pero hay uno concreto, la conversación sincera entre 2 (o más) personas que se escuchan con atención. En esas conversaciones es donde realmente se conoce a otras personas y se aprende de su experiencia. Aprender de la experiencia de los demás es mucho más rápido y eficiente que experimentarlo todo por nosotros mismos. Estas conversaciones son la mejor forma de aprender cosas nuevas.

Es por todo eso que hay que escuchar, a ti mismo y a los demás.

Regla 10: A la hora de hablar, exprésate con precisión

Cuando observamos el mundo, lo que vemos no son los objetos que nos rodean. Vemos la función de esos objetos para nosotros. Si vemos nubes, lo que vemos es la posibilidad de lluvia y un día con menos luz. Si vemos una manzana, vemos una posible comida para nosotros. Si vemos coches, vemos algo que nos lleva de un sitio a otro. Vemos herramientas y obstáculos, no lo que son los objetos en sí mismos.

Esa es una visión simplificada del mundo. Cuando las cosas van bien, esa simplificación es muy práctica. Pero si hay algún problema, por ejemplo que el coche se avería, ya no es algo que nos lleva de un sitio a otro, y hay que arreglarlo.

Esto es importante especialmente en las relaciones personales. Si las vemos de forma simplificada, si no las cuidamos con sus detalles y complejidades, pueden “averiarse” de forma inesperada y a veces irremediable.

Mediante la palabra, hablando de forma clara y precisa y expresando siempre a tiempo todo lo que nos preocupa, podemos evitar problemas futuros mayores. Esto es así en las relaciones personas y cualquier ámbito que se basa en ellas, como el profesional. La alternativa es expresarnos de forma imprecisa o incluso callarnos los problemas, haciendo que las cosas se deterioren con el tiempo y acaben muy me por no haber resuelto los problemas en su momento.

Probablemente el ámbito más importante en el que hay que aplicar esto es en el de una pareja a largo plazo.

Es mejor no rehuir las responsabilidades. Hay que afrontarlas y para ello, hablar con las personas que corresponda de forma clara y precisa.

Regla 11: Deja en paz a los chavales que montan en monopatín

Karl Jung dijo: si no puedes entender por qué alguien hizo algo, fíjate en las consecuencias e infiere la motivación. Esta frase hace referencia a un ejemplo que cuenta el autor en el libro, en el que en la universidad de Toronto se fijan unos elementos metálicos en barandillas y demás superficies para que los chavales no se deslicen sobre ellas en monopatín. ¿Qué se consigue con esto? Hacer que esos chavales estén descontentos y les guste menos la universidad. ¿Es posible que quien hiciera eso, buscase ese descontento? Puede que si, aunque sea sin saberlo.

La cultura occidental actual es una estructura opresiva. Eso es inevitable. Pero tiene muchas cosas positivas. Casi todo de lo que disfrutamos viene de nuestros antepasados, que vivieron en nuestra misma cultura.

Luchar por objetivos es lo que da significado a nuestras vidas. Esa lucha genera jerarquías con ganadores y perdedores. A lo largo de nuestra vida, todos perderemos y ganaremos en algo. Esto es básico, una cultura de la igualdad total de resultados destruye la persecución de objetivos y arrebata el significado a la vida.

Sin embargo, la cultura occidental actual también se considera patriarcal. Es decir, opresiva especialmente para las mujeres. Hay buenos argumentos para dudar de esto, ya que productos clave en la liberación de la mujer como la anestesia en los partos, las compresas y los tampones, fueron inventados por hombres.

Las ideas tienen consecuencias. Las masacres llevadas a cabo por los movimientos fascistas y comunistas en el siglo XX son la prueba irrefutable. Al principio las ideas pueden resultar seductoras, sobre todo con un líder carismático detrás y el apoyo de los intelectuales. Pero hay que tener cuidado, aunque las intenciones de una idea parezcan buenas, las consecuencias pueden ser catastróficas.

La identidad de grupo puede fragmentarse hasta el nivel del individuo. Si vamos buscando más detalle, se puede ir fragmentando más y más. Es por eso que las ideologías o cualquier otro elemento basado en grupos o categorías es arbitrario. Y por lo tanto, trae consecuencias indeseables.

Otro problema que tiene cierta relación es la sobre protección. Son relativamente comunes las madres que protegen a sus hijos en exceso. Esto limita su capacidad de crecimiento, disminuye su confianza y los hace menos competentes ante la vida en general. La madre quiere protegerlos, pero en realidad hace lo contrario. Normalmente subyace la necesidad de ser útil y el miedo inconsciente a que los hijos sean independientes.

Regla 12: Si te encuentras un gato por la calle, acarícialo

Las personas tenemos limitaciones y somos frágiles. Es rara la familia que no sufre una enfermedad grave en alguno de sus miembros a lo largo de una generación. En algunos casos las enfermedades, u otros tipos de tragedias, pueden durar en el tiempo y convertirse en un infierno para la familia. ¿Cuál es la solución a esto? ¿Cómo podemos hacerle frente y seguir pensando que merece la pena esta vida?

La alternativa a esas limitaciones y la fragilidad es ser un Dios o un superhéroe. Alguien omnipotente, omnisciente y omnipresente. Alguien así no tendrá limitaciones ni es frágil en ningún aspecto. Pero, ¿cuál sería el problema de ser así? Precisamente eso, la falta de limitaciones. No hay nada que descubrir, nada nuevo que hacer, ningún lugar nuevo que explorar. Probablemente esto sea peor que la fragilidad y limitación inherentes a la vida humana. El hecho de tener esa limitación nos ofrece nuevas experiencias, cosas nuevas que aprender y que explorar. Nos ofrece la posibilidad de perseguir objetivos. Y es esto lo que da sentido a la vida, a pesar de toda la fragilidad y el sufrimiento.

Luchar contra una enfermedad grave y que se extiende en el tiempo, o cualquier situación de gravedad similar, no es una batalla sino una guerra. Se gana o se pierde a largo plazo. Hay que estar con energías para librar las diferentes batallas. Es por eso que conviene planificarse. Hay que seguir con el resto de cosas de la vida al mismo tiempo. Lo mejor es reservar un tiempo cada día para tratar el tema en sí, hablar sobre ello y pensar en ello. De esta forma, es mucho más sencillo poder atender el resto de cosas. Porque sabemos que el tiempo para ese tema está reservado y se va a atender, sí o sí.

Todas las personas hemos vivido, vivimos, o vamos a vivir en contextos así. Son épocas duras de la vida. En esas épocas son especialmente importantes las pequeñas cosas de la vida. Disfrutar de un café de 20 minutos, un paseo, una conversación, o cualquier cosa similar. Hay que disfrutarlas y valorarlas, para así tener energías para afrontar las desgracias a las que nos enfrentamos. Un pequeño ejemplo de esto es encontrarse a un gato por la calle. Puedes ignorarlo y seguir con tus preocupaciones. O puedes acariciarlo, concederte esos 5-10 segundos, y después seguir con tu vida.

Conclusión

Para englobar todas las reglas, es bueno seguir el siguiente consejo. Hay que tener presente nuestra visión del futuro y nuestros objetivos. Son importantes y tienen que ser clave a la hora de tomar decisiones, sobre todo las importantes. Una vez asegurado eso, cada día tenemos que centrarnos en el presente al 100%, dar lo mejor de nosotros en cada cosa que el día nos depara. Y si hay algo que no nos gusta, hay que intentar cambiarlo siempre acorde a nuestra visión y objetivos.

Algo muy útil es escribir. Escribir nuestros pensamientos, y lo que queremos hacer. Podemos escribir preguntas del tipo: “¿qué hago con mi pareja?”, “¿cómo educo a mi hijo?”. Y después escribir las respuestas, que podrían ser, respectivamente: “tratarla de la mejor forma posible para que sea feliz y tener una familia fuerte”, “enseñarle las cosas que considero más importantes y conseguir que sea fuerte e independiente”. El hecho de escribir estas cosas sirve para tenerlas claras en nuestra cabeza, y también para recordarlas con más facilidad.

Escritas o no, es bueno hacernos preguntas sobre todos los temas importantes de la vida. Responderlas teniendo en cuenta las 12 reglas nos dará buenas pistas de por donde tirar.


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